Al volante

-BMW X5 3.0d AdaptiveDrive y BMW X5 3.0si con dirección activa. Agotador.

"Adaptive Drive". Dicho así seguro que no dice mucho pero si aclaramos que es una suspensión con estabilizadoras activas Dynamic Drive para controlar la inclinación lateral del vehículo (como las del BMW Serie 5) y con una amortiguación con control electrónico EDC (como la de los M de BMW) entonces la cosa cambia y mucho. La estrena el X5.

Precio. X5 3.0si: 57.305,27 euros. X5 3.0d: 58.837,50 euros (abril 2008). Garantía: 2 años. Internet: BMW


Análisis del BMW X5 3.0d Adaptive Drive:

Si añadimos que dispone de dos programas confort y sport y que para el buen gobierno de ambos sistemas el X5 estrena por primera vez en un coche el sistema de transmisión de datos a alta velocidad llamado FlexRay (proyecto que lidera BMW y en el que participan otras marcas), pues entonces podemos empezar a calibrar lo que puede dar de sí en el X5 y más con las puestas a punto que sabe hacer BMW: mucho.

Vista de la suspensión delantera derecha del BMW X5 3.0d equipado con el sistema Adaptive Drive con estabilizadoras activas y amortiguación con regulación electrónica EDC: abajo a la derecha se aprecia la curvada barra estabilizadora y en el borde lateral derecho una pieza cilíndrica con un aro de color azul que aloja el motor eléctrico que la acciona. En el cuerpo del amortiguador va adosado en perpendicular un cilindro, distintivo del control electrónico. Vista de la suspensión trasera izquierda del BMW X5 3.0d equipado con el sistema Adaptive Drive con estabilizadoras activas y amortiguación con regulación electrónica EDC: a la derecha y a media altura se aprecia el cilindro en el que va alojado el motor que acciona la estabilizadora y en el cuerpo del amortiguador, el cilindro distintivo del control electrónico, con los cables correspondientes.

Mucho por el confort, pues en el modo normal la sensación que se percibe recuerda a la de las suspensiones hidroneumáticas de Citroën: más que flotar parece que el X5 te mece. Y si vamos a practicar una conducción muy dinámica basta activar el modo Sport, que es bastante más firme pero sin llegar a resultar incómodo; supera con brillantez los tramos rizados, sin oscilaciones verticales cuando la generalidad de los coches que probamos oscilan en mayor o menor medida, llegando a moverse los mofletes de quien conduce. Pues en el modo Sport ni te enteras.

Vista frontal del BMW X5 3.0si con dirección activa. Montaba unos opcionales neumáticos 275/40 R20 delante y 315/35 R20 detrás, que pasan factura en confort y ruido de rodadura, además de en la cartera a la hora de reponerlos

Y mucho por el comportamiento y eso que el nuevo X5 ya había mejorado respecto del anterior modelo. No llega a girar tan plano en curva como el Serie 5 con estabilizadoras activas pues el centro de gravedad más elevado y el mayor peso impiden limitar tanto la inclinación para evitar reacciones muy bruscas cuando se pierde la adherencia pero el resultado es sorprendente, como era previsible esperar. En virajes cerrados en retención gira con mucha más agilidad que las versiones sin este sistema que hemos probado (el 3.0d, el 4.8i y el 3.0si, este último con dirección activa) y se pueden hacer apoyos muy bruscos sin que aparezca más que un leve subviraje. En tracción llega a sorprender cómo responde al giro del volante, pasando absolutamente controlado y rápido aunque modifiquemos el apoyo.

Junto a la palanca del cambio Steptronic del BMW X5 3.0d está la tecla que activa el modo Sport del sistema Adaptive Drive: todo un invento que ayuda a mejorar la seguridad y el confort.

En curvas medias el X5 se resiente del peso y el centro de gravedad y tomándolas dando gas a fondo presenta algo de subviraje. Vamos, que a pesar de tanta regulación sería una temeridad afirmar que este X5 se comporta como una berlina así que nos vamos a abstener de decir semejante imbecilidad.

Cuando se activa el modo Sport del sistema Adaptive Drive del BMW X5 3.0d, se enciende el testigo “SPORT” en el cuadro de instrumentos, junto a la indicación del modo seleccionado en la caja de cambios automática: en este caso, en D.

Para quien haya conducido coches con regulación de la amortiguación como los Opel con el sistema IDS Plus, no les sorprenderá el paso a ritmo ligero por badenes y bañeras: el X5 apenas levanta y cae mansa y rápidamente, dejando en evidencia al Serie 5 con estabilizadoras activas, que en esos mismos obstáculos levantaba con generosidad y obligaba a actuar al control de estabilidad, en plan preventivo eso sí.

En todo este panorama, que es casi idílico, desentona la dirección de serie, con un tacto bastante pesado en maniobras (puede llegar a hacerse antipática para personas de constitución frágil) y 3,25 vueltas entre topes: no es que sea mala, es que el coche admite más de lo que el conductor puede dar de si con las manos. Dicho de otra forma, que la opcional dirección activa que no equipaba la unidad de pruebas se nos antoja absolutamente imprescindible a tenor de cómo funciona en todos los modelos de BMW en los que la hemos probado: es más directa y suave y mejora la agilidad y el comportamiento, pues tiene una función que ayuda a corregir los derrapajes.

El asiento de la 2ª fila del BMW X5 está dividido en secciones 60/40, deslizantes y con respaldos reclinables. Muy bien las plazas laterales pero claramente incómoda la plaza central por dureza del asiento, resultando inadecuada para viajes y con un reposacabezas más bajo. Bien el piso, sin apenas túnel central y enrasado con los umbrales de las puertas, como en el anterior modelo.

A las prestaciones les pasa un poco lo mismo que a la dirección: que el chasis admite más y puede dar la sensación de quedarse escaso, agravado por la poca sensación de velocidad que transmite. A cambio este motor 3.0d de seis cilindros en línea tiene una sonoridad que en el habitáculo no aparenta ser diesel y que desde el exterior, al ralentí y desde atrás presenta dos registros que encandilan: el soplido de ambos escapes, similar al de un motor de gasolina y el silbido agudo y metálico proveniente del silencioso transversal trasero. Es digno de agacharse para escucharlo y así lo hemos hecho.

Siglas del motor 3.0d del BMW X5. Imponente por suavidad, prestaciones y consumos, sin descuidar la sonoridad. Sólo desentona la vibración que provoca al ralentí en los reposabrazos delanteros.

Y nos queda por decir cómo se porta este X5 AdaptiveDrive en campo, con el cambio automático Steptronic de seis relaciones: no duele pasar a moco tendido por caminos rotos en el modo confort y cuando se trata de superar obstáculos muestra unas aptitudes sorprendentes con los neumáticos Bridgestone Dueler H/P Sport 255/50 R19 de la unidad de pruebas, por supuesto que runflat: en nuestro circuito off road mejora por ejemplo al Freelander II con el sistema Terrain Response y humilla al Lexus RX400h con neumáticos de asfalto, con su transmisión híbrida y tracción a las cuatro ruedas, eléctrica en el caso del eje trasero.

El BMW X5 3.0d supera con suficiencia las pruebas del circuito off road. En la imagen aparece coronando una rampa que el Freelander II superó con muchas dificultades y que el Lexus RX400h con neumáticos de asfalto no consiguió superar.

Hablando de neumáticos runflat, no es necesario decir que aportan un plus de seguridad tan importante en caso de pinchazo o reventón (estamos hablando de la vida de las personas…) que es imprescindible mantenerlos cuando llegue el turno de reponerlos. Afirmar lo contrario es una irresponsabilidad si se trata de un medio especializado: es jugar con la vida de los demás.

Todos los modelos de BMW con el sistema de tracción total xDrive disponen de control de descenso de pendientes HDC, que permite variar la velocidad de descenso y que funciona también en punto muerto. En la imagen, el X5 3.0d descendiendo una pendiente en punto muerto (N) y a 9 km/h.

La frenada es espectacularmente estable, potente y aplomada, pues entre que inclina poco y que la amortiguación no le deja hundir el morro y apenas hay transferencia de pesos al eje delantero, pues lo dicho: espectacular, tanto en recta como en curva o en alta.

Pero como en cualquier otra marca, este BMW X5 3.0d tiene defectos, así que llega el turno del “repasito”, término que usamos exclusivamente con esta marca y acuñamos con motivo de la prueba del excepcional BMW 325i Coupé en enero de 2007: básicamente, este X5 adolece de una tercera fila de asientos mal resuelta que además impide colocar la imprescindible red divisoria detrás de los asientos delanteros. En realidad estamos hablando de sólo cuatro plazas cómodas.

Impecable el puesto de conducción del BMW X5. Incluso mejora al de las berlinas en un aspecto que no es anda tonto: el buen apoyo que ofrece para el pie derecho cuando llevamos el regulador de velocidad conectado.

El otro defecto de importancia es que con la opción de las siete plazas no lleva rueda de repuesto pues los runflat que monta de serie permiten seguir rodando en caso de pinchazo o reventón (pérdida repentina de aire) pero en uso campo a través, un neumático se puede rajar por un flanco y entonces puede que tengamos dificultades para asegurar la movilidad y volver a terreno transitable para que nos recoja una grúa. En concreto, los que montaba la unidad de pruebas eran unos Dueler HP Sport, diseñados para rodar en carretera principalmente (90% carretera y 10% campo). Son neumáticos que si el terreno tiene piedra suelta y rodadas profundas tienen un riesgo alto de sufrir cortes.

Hay dos defectos más. Uno afecta al cambio automático con convertidor de par y bloqueo del mismo en cuanto se inicia la marcha (a unas 1.200 rpm): es rápido y suave como pocos pero en reducciones la gestión es muy conservadora, pues no permite superar las 3.800 rpm cuando en aceleración estira hasta 4.500 rpm; además las salidas a fondo son ligeramente mortecinas y no lleva levas en el volante. Y el otro tiene su origen en el motor: la notable vibración de los reposabrazos de las puertas delanteras al ralentí, impropio de un coche de este precio y categoría.

Detalle del escape del BMW X5 3.0d, absolutamente limpio de hollín. El escape regalaba dos sonidos inusuales en los motores diesel: el soplido de los gases y un tintineo metálico agudo, proveniente del silencioso trasero. Ambos eran perfectamente audibles desde la trasera del coche.

¿Cuál es la jugada que se ve venir de lejos, conociendo los criterios con los que desarrolla BMW sus sistemas, que tienen vocación universal, compatibles con cualquier mecánica, transmisión y carrocería? Pues que se ha hecho con un quinteto mortal de necesidad: estabilizadoras activas, dirección activa, amortiguación electrónica y sistema FlexRay por un lado (el hardware) y AdaptiveDrive por otro (el software), quinteto que puede combinar como quiera y en los modelos que quiera porque técnicamente es posible, dependiendo la decisión de los estrategas de la marca.

Y poco más. Que como en las novelas por entregas, quedamos emplazados para una tercera prueba del X5, en este caso con la imprescindible dirección activa más el AdaptiveDrive más el FlexRay más las estabilizadoras activas más... Ya le hemos echado el ojo a la pieza, un X5 3.0si.

Análisis del BMW X5 3.0si.

Un par de semanas después y para abrir boca probamos un X5 3.0si con dirección activa y ha servido para reafirmar todo lo dicho anteriormente: el X5 a comprarse debe llevar todos los sistemas activos (dirección y AdaptiveDrive con estabilizadoras activas y amortiguación electrónica) porque mejoran la seguridad y el confort a cambio de unos 5.500 euros más, cifra razonable para el precio de partida del modelo.

Qué cuadros de instrumentos hace BMW: no hay nada igual en el mercado por facilidad de lectura. Es difícil poner tanta información y tan clara en tan poco espacio como el de la pantalla multifunción: todas las versiones xDrive de BMW disponen de control de descenso de pendientes HDC. El sistema  Automatic Hold activa el freno de estacionamiento automáticamente en las paradas, encendiéndose el testigo verde en el cuadro. Funciona como es exigible que funcione: cuando se coche se detiene, independientemente de que el cambio esté en D, en N o de que tengamos pisado el pedal del freno. Audi podría tomar nota de esta configuración y aplicarla en sus modelos.

Con la dirección activa se gana maniobrabilidad y agilidad pero a costa de cierta brusquedad en los apoyos si no giramos con mucho tiento y mesura el volante, acrecentado en el caso de la unidad probada por la exagerada anchura de los neumáticos, unos 275 delante y 315 detrás que pasan factura (leve) en confort (razonablemente incómodo) y (más acusada) en ruido de rodadura. Debe mejorar el ruido aerodinámico, demasiado audible a velocidades legales y más con el fuerte viento racheado que sopló durante los días de la prueba.

Del X5 3.0si hay que destacar la extraordinaria suavidad y refinamiento del motor atmosférico de inyección directa de gasolina de 98 octanos, con una sonoridad grave, algo ronca y trompeteante de escape que encandila y que en las arrancadas en frío derrite los sentidos (el de la vista por el movimiento de la aguja del cuentavueltas y el del oído por el registro del escape), tanto que justificaría por sí solo decantarse por esta motorización a pesar de que por recuperaciones compite mal con el 3.0d: en repechos a 100 km/h en 6ª en manual (tomados en D el cambio reduce a 5ª), con el motor girando a algo más de 2.000 rpm, se queda falto de respuesta y pierde velocidad cuando el 3.0d los supera con absoluta suficiencia.

El BMX X5 3.0si disponía de los opcionales asientos delanteros con regulación eléctrica doble del respaldo, calefactados y con ventilación. Son unos asientazos: el sistema iDrive permite ajustar a la carta la climatización del asiento.

A cambio solventa los defectos del 3.0d de las salidas mortecinas y el de la acusada vibración de los reposabrazos de las puertas al ralentí. Lo dicho, este 3.0si está indicado para los amantes del buen sonido, el refinamiento mecánico y para los alérgicos al gasóleo aunque sea un motor de seis cilindros en línea y firmado por BMW.

Y como decíamos al final de la prueba del X5 3.0d con AdaptiveDrive, quedamos emplazados para la prueba del X5 3.0si con dirección activa y AdaptiveDrive. ¡Agotador lo de BMW, hasta que lo pruebas todo!

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Datos técnicos:

Motor y transmisión
posición delantero longitudinal
nº cilindros 6 cilindros en línea, 4 válvulas por cilindro
distribución 2 árboles de levas en cabeza, movidos por cadena
alimentación/ combustible 3.0si: inyección directa, gasolina sin plomo 98 octanos
3.0d: inyección directa, turbo geometría variable, gasóleo
cilindrada 3.0si: 2.996 cm3
3.0d: 2.993 cm3
potencia máxima 3.0si: 272 CV (200 Kw) a 6.650 rpm
3.0d: 235 CV (173 Kw) a 4.000 rpm
par máximo 3.0si: 315 Nm a 2.750 rpm
3.0d: 520 Nm de 2.000 a 2.750 rpm
transmisión Tracción total permanente variable xDrive
embrague convertidor hidráulico
caja de cambios ZF automático Steptronic de 6 relaciones
Bastidor
suspensión delantera Eje de dobles brazos transversales
suspensión trasera Multibrazo
frenos delanteros/ traseros discos ventilados 348/ 320 mm Ø
dirección cremallera, asistida
diámetro de giro/ vueltas volante 12,80 m/ 3,20 vueltas (2,0 con dirección activa)
neumáticos de serie 255/55 R18 109V RSC
neumático repuesto/ ubicación de emergencia opcional (incompatible con la opción de 7 plazas)
Carrocería
Tipo todoterreno
largo x ancho x alto (mm.) 4.854 x 1.933 x 1.766
batalla/ vía delantera-trasera (mm) 2.933 x 1.656 x 1.668
peso en vacío/ peso máximo 3.0si: 2.050 kg/ 2.680 kg
3.0d: 2.105 km/ 2.750 kg
Distribución peso eje delantero - eje trasero 3.0si: 49,9% - 50,1%
3.0d: 50,5% - 49,5%
nº plazas homologadas 5 ó 7
maletero de 620 a 1.750 litros
depósito combustible 85 litros
Cotas TT
Profundidad de vadeo a 7 km/h 500 mm (250 mm con calefacción independiente)
Ángulo de ataque 25,4º
Ángulo de salida 22,9º
Ángulo ventral 19,7º
Distancia al suelo en vacío 212 mm
Medidas interiores
anchura delante 152 cm
anchura trasera 145 - 115 cm
altura asiento delantero-techo 95 - 101 cm
altura asiento trasero-techo: plaza lateral / central 94 - 88 cm / 93 cm
hueco pies: banqueta trasera-pilar central 35 - 17 cm
cota habitabilidad: pedales/ respaldo trasero 189 cm
Prestaciones, emisiones y consumos homologados
velocidad máxima 3.0si: 210 km/h
3.0d: 210 km/h
Aceleración 0-100 Km/h 3.0si: 8,1 s.
3.0d: 8,3 s
Norma emisiones Euro 4
Emisiones de CO2 3.0si: 260 g/km
3.0d: 231 gr/km
Consumo urbano 3.0si: 14,9 l/100 km
3.0d: 11,3 l/100 km
Consumo extraurbano 3.0si: 8,6 l/100 km
3.0d: 7,2 l/100 km
Consumo mixto 3.0si: 10,9 l/100 km
3.0d: 8,7 l/100 km
Equipamiento
Sistema Adaptive Drive opción, 3.971 euros
dirección activa opción, 1.569 euros
Autonivelación con suspensión de aire eje trasero opción, 954 euros
suspensión deprotiva, sinreducción de altura opción, 317 euros
Rueda de repuesto de emergencia opción, 167 euros
Red de sepaarción del maletero opción, 167 euros
Ventilación activa de los asientos delanteros opción, 1.425 euros
climatizador con regulador de 4 zonas opción, 868 euros
3ª fila de asientos 2.390 euros

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