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-BMW
Z8 5.0 V8. ¡Mira, mira, mira!
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Análisis: Cuando recibí la noticia de mi Director de que tenía a mi disposición un Z8, un deportivo de pura raza y recreación moderna del mítico 507, se me iluminaron los ojos y se me encendió la sonrisa, rápidamente apagada al añadir que me iba a acompañar Pepe durante la prueba.
Pepe
es un compañero, conocido por su apelativo o alias de "machaca" ganado
por su desmedido sentido criticón y por su afán, casi necesidad fisiológica
diría yo, de aguar fiestas ajenas. A mi director se le ha ido
la cabeza, pienso para mis adentros, ¿qué le he hecho yo para merecer
este castigo, si un coche como el Z8, un automóvil de leyenda y más
desde que BMW anunció que dejaba de fabricarlo se merece disfrutarlo
a conciencia, plenamente, o sea, sin Pepe?
Y empieza con su retahíla: la luneta es de plástico y además no es térmica, como nos llueva no voy a ver nada, me dice (como si fuese a conducir él), por fuera tiene una mezcla del Jaguar E y del Porsche Boxster, añade (ahora me entero que ha hecho un cursillo de diseño). Una vez acomodados dentro (es un decir, en opinión de Pepe), continúa con la enumeración de faltas: falta el climatizador dual, y el sensor de aparcamiento, y el ordenador, y el sensor de lluvia (como nos llueva... insiste machaconamente Pepe), y luces automáticas, y muchos reglajes del asiento, y el de altura del volante. ¿Podrás sentarte bien al volante?, me pregunta, como ofreciéndose él a conducirlo. ¿No le añadirán todo esto en el próximo restyling?, me pregunta con sorna, como si no supiese que se ha dejado de fabricar, pienso en voz baja con cara de resignación. ¿Y qué lleva este coche?, me pregunta, sin desmayo, infatigable, perseverante. Un V8 de 400 caballos, le contesto. ¿a cuánto sale el caballo? Muy caro, le digo malhumorado...
Como no hay mejor defensa que un buen ataque, intento tomar la iniciativa y empiezo a desgranar virtudes: mira qué salpicadero, con un aire retro, y qué asiento tan anatómico, con la banqueta a sólo 15 cm. del piso, aunque le falta un poco de inclinación para recoger bien los muslos, y no cuesta demasiado entrar ni salir... Bueno, bueno, no te embales, me dice Pepe, que parece que BMW estaba en tiempos de crisis cuando diseñó el Z8, fíjate que no lleva mandos dobles de los elevalunas y que la capota no es completamente automática, hay que terminar de cerrarla a mano haciendo además bastante fuerza, y que abierto quedan a la vista todas las tripas, y que para que quede "gonito" tienes que cubrirlas con la funda que llevas en el maletero ¿algo de espacio robará, verdad? A estas alturas del repaso me pregunto si este hombre tiene algo en contra de los cabrio, del Z8 o de mí...
Sí coincide conmigo en que los acabados son inmejorables (con ese precio..., añade, a modo de muletilla y golpeando con los nudillos la pieza de plástico que cubre todo el salpicadero...) y que la vista del morro es espectacular, con sus tres superficies cóncavas, la central y las de las aletas con los faros, aunque para verlo en toda su extensión y amplitud tengo que llevar el asiento demasiado alto, quedando mi cabeza por encima del marco de la ventanilla.
Enseguida se da cuenta de que al volante (que Pepe no va a manejar como que no me llamo Pepe), el túnel central queda demasiado alto y molesta para manejar la palanca del cambio, de tacto dudoso a motor parado y delicioso en marcha, muy firme, precisa y muy rápida, que permite hacer las reducciones a 2ª tirando de palanca hacia atrás sin contemplaciones y soltando el embrague de golpe sin el más mínimo tirón torsional, a cambio de pérdidas de motricidad en las ruedas traseras.
El embrague es superprogresivo y no se hace pesado y el pedal del freno tiene ese tacto firme y dosificable de BMW, con poca fuerza, que resulta delicioso, al igual que el acelerador, de tabla y articulado abajo. El reposapiés es algo estrecho y obliga a llevar la pierna muy estirada, más que la derecha, pues no queda en línea el acelerador. Con la instrumentación en el centro del salpicadero (de un plástico de aspecto y tacto mejorable, como bien dice Pepe) e inclinado, de noche se producen unos molestísimos reflejos de toda farola que encontramos a nuestro paso, a modo de verbena de luces más propia de una discoteca. Acaba mareando esto, le reconozco muy a mi pesar y antes de que me diga nada. Prueba
dinámica:
Entre
2.500 y 4.000 vueltas se afina, se hace más agudo, poquito eso sí,
y de ahí hasta el corte de inyección a 7.000 rpm es una sinfonía de
bramidos graves de amplio registro, más bien de tableteos perfectamente
audibles. ¡Qué sinfonía! En retención también da la talla, y el colmo
del refinamiento lo aportan los golpes de gas desde el ralentí, con
una subida de vueltas instantánea y continua y el gorgojeo en el escape
al caer de vueltas. Una delicia, le digo a Pepe sin opción a reparos
ni objeciones.
Buscándole
el más allá acústico, el Z8 nos regala el oído con dos pequeñas delicias
sonoras: una, fruto de su capacidad de aceleración, ya que modulando
adecuadamente la presión sobre el acelerador para tardar el mismo
tiempo entre cambio y cambio y en el mismo margen de revoluciones,
se repite el mismo registro sonoro, como si de un disco rayado se
tratase y estuviésemos repitiendo la inserción de la misma marcha
6 veces, desde primera hasta sexta. Sencillamente magistral.
Supera,
faltaría más, la subida a nuestro habitual puerto de montaña en 6ª
(es tontería, no la hagas, me decía mi Director, pero yo erre que
erre, que la gasolina de 98 octanos la paga él y cualquier excusa
es buena con tal de no bajarme del Z8, aun con la presencia de Pepe),
a pesar del largo desarrollo de esa marcha (alcanza la velocidad máxima
a 5.640 rpm) y si nos decidimos a usar el cambio, adelanta con una
facilidad insultante. Con 400 CV ya se puede, apostilla Pepe, que
parecía haber mudado la color (como vulgarmente se dice), creo que
de miedo, más que de satisfacción no reconocible, ante la exhibición
de poderío del motor del Z8.
Y
concluye Pepe con un contundente "el confort, un cerito, no te parece?
Para viajar y rapidito no parece ser la mejor opción, lo suyo son
las carreteritas comarcales, lentas y con buen firme, sentencia Pepe,
con cara de satisfacción después del deber cumplido... Con semejante caballería y par, el chasis, construido de aluminio y con un reparto de pesos del 50/50, está sujeto a una dura y constante prueba, auxiliado por el imprescindible control de estabilidad DSC, de acción súbita cuando buscamos el límite en curvas medias, sin que derive de ningún eje, excepto en curvas muy cerradas en retención, que llega a subvirar ligeramente.
El
comportamiento es un cúmulo de sensaciones, con un límite altísimo
y una velocidad de paso por curva que quita el hipo, con un eje trasero
muy firme. Es muy eficaz pero muy rudo, y requiere de mucho arrojo,
de mucho atrevimiento para explorar sus límites. Combina una gran
agilidad con un terrible nerviosismo del eje delantero, incluso con
buen firme y a alta velocidad. Cuesta mantener el coche en la trayectoria
y la más mínima irregularidad del asfalto le afecta y requiere corregir
constantemente con el volante, pero a cambio las sensaciones son inenarrables,
con un constante subidón de adrenalina.
En
mal firme las cosas se complican algo por los rebotes, que hacen que
el Z8 sobrevire en propulsión al perder adherencia los neumáticos
y que en una ocasión el morro se quisiese ir a la cuneta en un tramo
recto muy rizado y con mucho peralte. Pero el remedio para todos estos
males es sencillamente concentración, decisión y mano firme con el
volante, pues la dirección, como el tacto general del coche, es muy
firme, que no duro, para realzar la condición de deportivo duro y
puro de este maravilloso, genuino, sorpresivo Z8, pero además divertido
y seguro.
Lo
mejor: carácter deportivo, motor,
imagen
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