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Citroën Xsara Picasso 1.6 HDi Exclusive
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Análisis:
El Citroën Xsara incorpora el nuevo motor 1.6 HDI de 110 CV desarrollado
conjuntamente con Ford al igual que el 1.4 HDI y sustituye en el Picasso
al antiguo 2.0 HDI con la misma potencia. El motor dispone de función
overboost que aumenta el par en 20 Nm cuando se pisa el acelerador
a fondo, de conducto común Bosch de 2ª generación
con una presión de inyección de 1.600 bares y hasta
cuatro inyecciones de carburante por ciclo: 2 inyecciones piloto,
para reducir el ruido de la combustión y 2 inyecciones principales
para reducir las emisiones de óxido de nitrógeno. En el caso de incorporar
filtro de partículas, realiza dos post inyecciones suplementarias
para mejorar la eficacia de la regeneración. El nuevo motor supone
una mejora en consumos, par motor y emisiones contaminantes, con un
peso menor.
El
Xsara Picasso es un modelo sobradamente conocido, con buen éxito comercial
y juega la baza de la amplitud, con una excelente cota de anchura,
sobre todo detrás, un interior muy luminoso, con mucha superficie
acristalada, y un ambiente interior agradable, con una tapicería de
terciopelo en tonos claros, suave y cálida pero calurosa con una molesta
tendencia a atraer todo tipo de pelusillas, afeando mucho la vista.
La
transformación de la trasera es fácil, se puede hacer desde el interior
o desde el maletero. Para abatir el asiento basta usar una mano, primero
se abate el respaldo y luego, si está retrasado al máximo, se acciona
la palanca que hay detrás de la banqueta y el asiento bascula entero
hacia delante hasta fijarlo en posición vertical, evitando que caiga.
Para bajarlo hay que usar ambas manos, liberando el seguro al tiempo
que basculamos un poco el asiento, evitando así de paso que se nos
caiga encima en un descuido. Los asientos se pueden desmontar o formar
una mesita, abatiendo el respaldo.
El puesto de conducción es mejorable, pues el asiento queda muy alto y no tiene reglaje de inclinación, sólo de altura (de muelle) y el volante no tiene reglaje de profundidad. Se va sentado muy alto, con el volante bajo, con poco espacio para las rodillas, alejado de los mandos desperdigados por el salpicadero: los elevalunas delanteros están en la consola central, los traseros en el salpicadero, a la izquierda del volante y tapados por él, los mandos en el volante de la radio y del control de crucero, como es norma en Citroën y Peugeot, quedan muy bajos y hay riesgo de rotura y de lesiones en las rodillas, la pierna derecha golpea sistemáticamente contra el lateral de la consola y la tapicería es tan suave como calurosa. La visibilidad es mínima en curvas a izquierdas por la posición de sentados tan alta, y eso que hay mucho cristal y que el pilar delantero es triangular , con cristal fijo. Y no lleva cuentarrevoluciones (¿por ahorro o diseño del cuadro?), lo que dificulta tanto el correcto rodaje del motor como el uso diario.
La
conducción del Xsara Picasso es muy suave en general, que no quiere
decir que sea satisfactoria en todos los sentidos, pues la palanca
del cambio es un peligro. Tiene un defecto grave, pues la marcha atrás
no tiene seguro, está en el mismo pasillo de 5ª, se puede introducir
sin ningún problema tirando de la palanca hacia atrás, como si fuese
una sexta, y en reducciones a 4ª en curvas a izquierdas la fuerza
centrífuga tiende a llevar la mano, y la palanca, a esa falsa 6ª.
Además el tacto es muy endeble, cede mucho una vez insertada la marcha
y tiene una holgura transversal exagerada, hasta el extremo de que
en cualquier marcha la palanca tiende a situarse en el plano de 3ª
y 4. Por resumir, al margen del poco agrado de uso, tiene el problema
de que compromete la integridad mecánica.
La
unidad de pruebas llevaba el práctico carrito moduboard, de un plástico
y un tacto mejorable, al plegarlo da la sensación de que se van a
partir las bisagras y al extraer el asa lo hace con tanta brusquedad
que hay que tener cuidado de no golpearnos en la barbilla.
El motor es el mismo que equipa entre otros el Ford
Focus C-Max. Le faltan bajos, con una arrancada mortecina
en pendiente y en alta va muy bien. Lo menos agradable es el ruido,
algo elevado, siempre presente de fondo, de una calidad mejorable,
ronco, algo resonante. Claquetea algo en aceleración en marchas cortas
a fondo. Es un motor que en carretera y a punta de gas a velocidades
legales se deja oír con claridad, se hace cansino, molesto, cuando
hay motores como los TDI del Grupo Volkswagen, que no destacan por
su tacto ni finura, que en esas condiciones ni se oyen. Llega a tapar
el ruido de rodadura y los aerodinámicos.
Donde
destaca el Xsara Picasso es en la calidad de rodadura, con un buen
filtrado y una excelente capacidad de bacheo, que sin llegar al resultado
de la hidroneumática del C5 asegura un magnífico confort de marcha,
incluso en mal firme, ayudado por una dirección de tacto magnífico,
precisa y suave, que permite sentir las reacciones del tren delantero
y a buen seguro por unos muy racionales neumáticos de perfil
65, que ya lo anticipamos, no perjudican el comportamiento. El pedal
del freno es algo brusco, mucho menos que en el C2 o C3, pero es difícil
de modular en maniobras rápidas pero suaves del pie para que no actúa
el SAFE, y cuando lo hace surge la incógnita de si el warning se apagará
o no una vez reiniciada la marcha. Frena muy bien en curva, con un
apoyo perfecto de ambos ejes, un gran aplomo y estupenda estabilidad,
igual que en recta. La resistencia al calentamiento es correcta.
Lo
mejor: calidad de rodadura, confort y
amplitud
El Citroën Xsara Picasso 1.6 HDI cuesta 3.080 euros más que la versión 1.8 de gasolina de 117 CV equivalente. Para amortizar la diferencia hay que recorrer 96.000 km. No interesa.
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