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- Mercedes-Benz E 250 CDI BlueEFFICIENCY. Suculento. |
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El incremento del confort de marcha respecto de su antecesor se ha conseguido mediante una carrocería que alcanza una rigidez torsional hasta un 30% mayor, asientos mejorados y un tren de rodaje de nuevo desarrollo, equipado de serie con amortiguadores que se adaptan automáticamente a la situación del vehículo en el tráfico gracias a un sistema exclusivamente hidromecánico, que no precisa de sensores ni equipos electrónicos. Para los más exigentes en esta materia, ofrece la opción de la suspensión neumática con amortiguadores con regulación electrónica progresiva, que no equipaba la unidad probada.
El resultado es espectacular, con un mayestático confort de suspensión (claramente superior al de la Clase C), y eso que montaba el opcional paquete deportivo AMG con suspensión deportiva rebajada 15 mm y anchísimos neumáticos de perfil muy bajo (unos 245/40 R18 delante y 265/35 R18 detrás), que le hacen tributar al 9,75% en el impuesto de matriculación por la penalización del consumo (urbano de 8,3 litros, extraurbano de 5,0 y mixto de 6,2, con 164 gr/km de CO2). De serie monta neumáticos 225/55 R16 (en opción dispone de runflat), medida con la que el E250 CDI tributa al 4,75% incluso con la opción del cambio automático. Al final hacemos dos suculentas reflexiones sobre el precio de venta y el impuesto de matriculación...
Más que rodar parece flotar, transmitiendo una sensación similar a la de las suspensiones hidroneumáticas de los Citroën y con un excelente filtrado, tanto que en la exigente prueba de circular por un pavimento de losetas de cemento con tacos troncocónicos de un aparcamiento, ha sido el único modelo en el que no se percibe la característica trepidación en el habitáculo.
Ese rodar tan cómodo se traduce en unas sensaciones al volante que para los amantes de la conducción no son tan gratificantes como las de dos de sus rivales más directos, el BMW Serie 5 y Audi A6, que tienen unos apoyos fuertes más firmes, rápidos y precisos pero es un coche muy efectivo en curva cerrada en tracción, gracias a un control de estabilidad que corrige con inmediatez su carácter subvirador pero que le deja pasar rápido. Menos efectivo se ha mostrado en apoyos fuertes en retención, pues el ESP tarda más en actuar y las inercias le hacen subvirar con generosidad, suficiente como para que actúe el sistema PRE-SAFE, incluido de serie, tensando el cinturón de seguridad del conductor. En cuanto a la frenada, ha resultado muy estable y aplomada y sólo le sobra el horrendo retumbe que provoca la actuación del ABS.
Valorando el equilibrio entre confort de marcha, cualidades dinámicas y placer de conducción, el nuevo Clase E quedaría por detrás del BMW Serie 5 y por delante del Audi A6, este último penalizado por la dureza de sus suspensiones.
El motor que hemos probado es el 250 CDI BE de 204 CV a 4.200 rpm y un imponente par de 500 Nm entre 1.600 y 1.800 rpm, que compite con el 2.0d biturbo de BMW de 204 CV (que no se ofrece en el Serie 5). Sustituye con ventaja en cuanto a prestaciones y consumos al antiguo E 280 CDI V6 de 2.987 cm3 que rendía 190 CV y un par máximo de 400 Nm a 1.400 rpm con un consumo mixto de 6,9 l/100 km. Es un motorazo por prestaciones y consumo (menos de 6 l/100 km en viajes a velocidades legales con cambio automático), muy lineal en su respuesta y con una excelente elasticidad que le permite superar con mucha holgura la subida al puerto de montaña en la relación más larga del opcional cambio automático de 5 relaciones (el de serie es uno manual de 6 relaciones). Es un motor digno merecedor del galardón citado.
Lógicamente no tiene el refinamiento mecánico del V6 CDI pero es un motor muy fino de giro y de sonido, con un registro grave, como un murmullo de fondo cuando trabaja con carga y en alta; la sonoridad está tan filtrada que en carretera en conducción turística apenas se oye y hace difícil adivinar que estamos ante un propulsor diesel y mucho más, ante un tetracilíndrico. Cumple con buena nota por refinamiento para lo exigible a una Clase E.
El mejorado cambio automático de 5 relaciones, que incorpora entre otras novedades un nuevo convertidor que reduce las pérdidas hidráulicas y opera por tanto con mayor rendimiento que hasta ahora, no le rinde los debidos honores al motorazo del E 250 CDI BE: no es que esté obsoleto, que no lo está, pues tiene bloqueo de convertidor y manejo manual secuencial pero sólo tiene 5 relaciones cuando sus competidores ofrecen el de seis relaciones y no permite aprovechar del todo la excelente respuesta en baja del motor, pues no sube de marchas si el motor queda girando a menos de 1.400 rpm, régimen claramente alto para el potencial del motor.
El resultado es una salida a fondo algo lenta, con un desarrollo en 1ª inusualmente largo de más de 12 km/h cada 1.000 rpm y sobre todo, un desarrollo corto en 5ª que le penaliza los consumos en carretera: con sus 54,4 km/h cada 1.000 rpm y la potencia máxima obtenida a 4.200 rpm, gira a 4.400 rpm a la velocidad máxima oficial de 240 km/h. Vamos, que este motorazo se merece un cambio mejor, como por ejemplo el 7G-TRONIC de 7 relaciones, reservado a los motores V6 y V8.
Respecto de la palanca del cambio, no nos termina de convencer que en la rejilla no indique mediante la típica señal luminosa el modo insertado: si estamos a oscuras obliga a mirar la indicación en la pantalla multifunción del cuadro de instrumentos y la lectura no es rápida si el volante está girado: en caso de una maniobra apurada que obligue a cambiar con rapidez de D a marcha atrás o viceversa, el resultado es que se tarda más y se controla peor el manejo de la palanca mirando el cuadro de instrumentos que si miramos directamente a la palanca. En la indicación en la pantalla multifunción echamos en falta el dígito de la marcha insertada en modo D y Sport; sólo lo muestra en manual. Otro defecto de su configuración es que si accionamos las levas (están siempre operativas), el cambio no vuelve al modo anterior de forma automática al cabo de unos pocos segundos.
Hablando de defectos, podemos citar unos cuantos en el habitáculo, empezando por el maletero, con unas bisagras de la tapa que invaden la boca de carga y pueden tropezar con el equipaje al cerrar la tapa. En las plazas traseras hay que citar un ángulo de apertura de las puertas no demasiado generoso y las luces de cortesía situadas justo encima de la plaza central, robando un precioso espacio.
En el puesto de conducción hay una lista más larga de defectos: el freno de estacionamiento por pedal, encima del reposapiés; la alfombrilla AMG, que cubre parcialmente el reposapiés; los aros cromados del cuadro de instrumentos, que provocan unos molestísimos reflejos para el conductor cuando incide el sol; la mala visibilidad del cuadro cuando da el sol en la repisa situada bajo el mismo; el volante AMG achatado… es muy pequeño ese achatado, tan pequeño que no se justifica por ganancia de espacio (innecesario por otra parte pues el puesto de conducción es muy amplio) pero suficiente para que en maniobras muy rápidas con mucho giro de volante, el cerebro coloque la mano donde no está el aro.
Sigamos: el climatizador bizona de serie sólo permite regular la temperatura de 1ºC en 1ºC (lo suyo es cada 0,5ºC) y en modo manual no permite la salida conjunta de aire por los difusores de los pies y los frontales (o unos u otros); y el regulador de velocidad, con una función de freno algo remolona al final, que mantiene más tiempo del razonable una velocidad superior en 1 km/h a la seleccionada, o sea, se “encasquilla” a (X+1) km/h en vez de clavar los X km/h; está a medio camino entre el regulador de Audi (el peor con diferencia) y el de BMW, que es el que mejor puesta a punto tiene.
Por último, dos reflexiones sobre el precio de esta versión: la primera es que comparado con sus rivales alemanes similares por potencia, el BMW 525d de 197 CV de seis cilindros en línea y el Audi A6 2.7 TDI V6 de 190 CV, este E250 CDI cobra sus cuatro cilindros a precio de seis: no parece razonable por muy refinado que sea el motor (ver tabla inferior).
(1) El precio y emisiones indicados corresponden a la versión con cambio manual, que no se comercializa en el mercado español. Con el cambio automático, el precio del Mercedes-Benz E 220 CDI BE es de 42.100 euros y las emisiones de CO2 son de 159 g/km, tributando al 4,75%.
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