| Banco de pruebas: Opel Corsa OPC. El silbido.
Fue un recorrido por carretera a fondo, a tope de motor, con constantes aceleraciones y recuperaciones, con un uso intensivo del cambio y del freno y con la guinda de la prueba en el circuito de Ascari en Ronda (Málaga). Hablamos del Opel Corsa OPC, que pudimos probar con su motivo de su presentación nacional por tierras malagueñas el mes de mayo de 2007.
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El resultado fue muy convincente en muchos aspectos, con un brillantísimo motor 1.6 turbo de gasolina de 95 octanos que rinde la friolera de 192 CV. Es, según Opel, la versión más deportiva de la familia OPC, más incluso que el Astra OPC con su motor 2.0 turbo de 240 CV, que no es moco de pavo. Completan la familia el Meriva OPC, Zafira OPC, Vectra GTS OPC y Vectra SW OPC.
El interés de la prueba del Corsa OPC radicaba en probarlo en las circunstancias que no pudimos hacerlo durante su presentación, es decir, un uso normal, urbano, relajado, incluso descuidado podríamos decir. Es decir, además de ser un coche muy deportivo, ¿es adecuado para un uso diario, cómodo, seguro, fácil y agradable de conducir? También para comprobar algunos aspectos dinámicos en nuestro circuito habitual y así contrastarlos con las apreciaciones de la presentación. y matizar o rectificar en su caso, ¿por qué no?
Pues la respuesta es sorprendentemente afirmativa y nos atrevemos a decir que en algunos aspectos mejora al Corsa normal. Empecemos por la suspensión, que nos pareció inadecuada por incómoda en las versiones Sport del Corsa normal y que en cambio en este OPC tiene un equilibrio muy logrado. Va más firme pero no más incómodo, con confort suficiente para un uso diario incluso en mal firme. Dicho de otra forma, es razonablemente incómodo sin hacerse antipático en mal firme.
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Sigamos con la frenada. Mejora a la del Corsa normal en curva, que tiene cierta tendencia a flotar, con unas reacciones algo erráticas, perdiendo algo la trayectoria y con unos apoyos que no transmiten confianza. Pues el OPC corrige en parte aunque no del todo ese defecto. En curvas medias frenando con rapidez pero sin que actúe el ESP, provocando transferencia de peso al eje delantero, es decir, provocando la guiñada que se dice, se aprecia perfectamente cómo se acuesta la trasera, descompensando el apoyo, en un balanceo amplio y como a cámara lenta., de baja frecuencia que le hace serpentear un poco. Sigue siendo mejorable este aspecto pero a su favor hay que decir que es más previsible y la reacción es más uniforme, es decir, se puede provocar la maniobra y el coche reacciona siempre igual, cosa que en el Corsa normal no ocurre, tiene una reacción algo errática. Y por lo mismo, es más fácil de evitar ese efecto.
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En frenadas de emergencia en curva mejora el equilibrio y en recta no admite queja: frena derecho como una vela y sin blocar rueda incluso en mal firme. También lo hace en alta, con mejor aplomo por ejemplo que el Mini Cooper S, un coche de planteamiento similar.
¿Y el motor y la sonoridad? Ya dijimos el día de la presentación que el rendimiento era espectacular y que el sonido estaba muy conseguido pues era deportivo pero sin llegar a hacerse molesto en carretera a velocidades legales, en conducción turística.
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Pues después de la prueba a la que le hemos sometido, con una conducción en tráfico urbano pisando lo menos posible el acelerador, llevándolo lo más bajo posible de vueltas y en marchas largas, tenemos que decir que enamora.
Supera, como el Astra OPC, la dura prueba de iniciar la marcha en pendiente en 2ª sin dar gas, prueba que no ha superado ningún motor de cuatro cilindros de gasolina que haya pasado por nuestras manos. Lo hace sin alterar apenas el ralentí (hay coches que al detectar la sobrecarga y la caída de régimen se aceleran sólos hasta las 1.300 rpm...) y regalando de fondo el sonido del escape, acusando recibo de la carga del motor.
Admite circular por ciudad recuperando desde el mismo régimen del ralentí, acariciando el acelerador, con una respuesta inmediata, suave pero contundente, siempre con el sonido grave y limpio del escape, con un leve registro vibrante (como un vibrato musical), acorde a la carga del motor. En retención se difumina el soplido y con el acelerador se dosifica el volumen. Pero es que además el motor tiene un girar suave, fino, apenas audible en las reducciones hasta medio régimen, por ejemplo.
Regala un bonito soplido grave y con vibrato al arrancarlo. También al ralentí, que se acentúa un instante, como un golpe de tos, cuando se conecta el electroventilador del radiador pero sin variar apenas el régimen de giro pues la gestión electrónica compensa casi al instante la variación de carga del motor y eso se traduce en notas musicales. ¡Qué puesta a punto del motor ha conseguido Opel! Y mejora al Corsa normal pues el electroventilador no provoca vibración en el volante cuando está parado al ralentí.
Acompaña además un manejo suave en general, de pedales, volante y palanca del cambio, una buena posición de conducción y una suspensión aceptablemente incómoda, es decir, no va tan duro que se haga insufrible. Hablando del volante (lamentable por ser achatado y tener un aro de sección muy desigual) no podemos olvidarnos de la dirección. En nuestro recorrido habitual, incluso con fortísimas rachas de viento que no le afectan nada incluso en alta, nos ha parecido que también es más precisa que la de los Corsa normales, que tienen tendencia a perder la trayectoria y obligan a rectificar varias veces para recuperarla. En la presentación dijimos lo contrario pero la apreciación durante la prueba ha sido esta y así lo tenemos que decir. Aún así todavía es mejorable y quizá le sobre un poco de retorno.
Pero hay más y también a favor del OPC respecto del Corsa normal. Confirmamos que la sonoridad es deportiva pero elegante y discreta en carretera. Satisface tanto en conducción turística como a fondo en carretera virada. Y como el motor tiene más impronta sonora que las versiones de gasolina del Corsa se aprecia menos el ruido de rodadura, o sea, que el confort sonoro nos parece mejor y desde luego, más civilizado que el del Astra OPC, que peca de cierta radicalidad.
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Hemos vuelto a apreciar el silbido de fondo de la válvula de descarga del turbo cuando el motor trabaja con carga. Un silbido como de soplete, algo sordo, perfectamente audible con la ventanilla abierta o cerrada y en marcha larga, por ejemplo en 4ª. Emerge suavemente sobre las 1.800 rpm, coge volumen y se apaga suavemente unos cientos de rpm más arriba cuando damos gas y el motor coge carga. Pero si cortamos gas un instante y volvemos a pisar el acelerador surge de nuevo el silbido, así hasta superar las 3.000 rpm, delatando lo que hacemos con el acelerador, pero moderadamente, como si estuviésemos pecando... venialmente. Mucho más civilizado y discreto que el ensordecedor silbido del Astra OPC pero muy satisfactorio. Y como hemos sido testigo-oyentes como peatones, podemos decir que a su paso deja una estela silbante que no deja indiferente.
Pues además de la zona de uso amplísima, desde el mismo ralentí hasta las 6.700 rpm con unos molestos tirones en el corte de inyección, hace gala de una progresividad ejemplar, con poco efecto turbo (sobre las 1.800 rpm) y una respuesta prácticamente constante hasta las 6.000 rpm.
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Y para finalizar, el comportamiento. Muy logrado, muy rápido pero fácil, con un leve carácter subvirador en apoyos bruscos, que los hace con limpieza y sin sobresaltos del eje trasero. Gira muy plano, con una notable motricidad (mejora y mucho al Meriva OPC) que permite hacer sin problemas un cambio de carril rápido en aceleración en marcha corta y mal firme, aunque tiene su límite y acaba provocando que la rueda delantera más descargada patine y el motor se acelere pero sin quedarse parado.
Tiene unas salidas a fondo muy convincentes, dejándole patinar algo pero saliendo rápido; es decir, efectivo y con muchas sensaciones. Y pasa muy rápido por las horquillas, abriendo algo; no tiene el tacto de kart del Mini Cooper S ni su agilidad ni ese carácter tan neutro pero no desmerece ni defrauda (castiga poco los hombros de los neumáticos delanteros) y arrasa al Peugeot 207 GT THP 1.6 turbo de 150 CV, a falta de probar su rival natural el 207 RC.
¿Es el más deportivo de los OPC y más concretamente, que el Astra? Pues es difícil contestar a esta pregunta pero el Corsa OPC tiene algo a su favor, que es muy deportivo pero más civilizado, más dócil y dúctil que el Astra y más pequeño, que aporta su plus de agilidad. El carácter tan radical del Astra OPC le hace tener un enemigo en casa, el Astra GTC 2.0t de 200 CV, mucho más civilizado pero muy deportivo. Pues en el caso del Corsa OPC pensamos que no va a ocurrir así con la versión 1.6 GSI de “sólo” 150 CV. Ambos modelos tendrán a buen seguro su nicho de mercado claramente diferenciado y en el caso del Corsa OPC, será difícil que defraude a alguien.
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Octubre 2007 (España)
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