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- Opel GT. El gancho. |
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Pues tras la correspondiente prueba, podemos afirmar que el Opel GT, que dispone de un motor de 2 litros turbo de inyección directa de gasolina de 95 octanos de 264 CV a 5.300 rpm con la mayor potencia específica por litro de los propulsores de la marca, tiene dos facetas completamente opuestas: la dinámica, que responde a los calificativos de emocionante y apasionante, y la funcional o práctica, que baja muchos enteros por una capota manual de lona mal diseñada.
Primero la parte dinámica. Es soberbia la puesta a punto del chasis que ha hecho Opel: la propulsión a las ruedas traseras, un reparto de pesos entre ambos ejes muy igualado, unas elaboradas suspensiones y un bastidor rígido junto con un diferencial con deslizamiento limitado y el imprescindible ESP con una función que Opel llama “competitive mode” proporcionan una conducción muy segura con las ayudas conectadas, con un eje trasero muy controlado que deja sentir la propulsión a las ruedas traseras con ligerísimos coletazos en virajes cerrados tomados a fondo.
Conducción que con el modo “competitive” seleccionado se transforma en un ejercicio de equilibrismo, pues la trasera comienza el sobreviraje, suave y progresivo, controlado fácilmente incluso en asfalto mojado con un sereno contravolante: basta mantener el gas y deleitarse con el avance del GT, cruzado, mirando hacia el interior de la curva, recordando a los BMW con el modo DTC conectado.
No tiene la extraordinaria puesta a punto de los chasis de los BMW ni su agilidad en apoyos en retención pero no desmerece y fiel reflejo son los hombros de los neumáticos, sin apenas signos de abrasión delatadores de deslizamientos acusados. La suspensión es muy firme, sin apenas inercias a costa de resultar incómoda en mal firme y la frenada es potente, equilibrada y estable, tanto en curva como en recta. Y como en un propulsión trasera que se precie, tiene unas salidas a fondo en recta rápidas y excitantes, patinando rueda a voluntad con el ESP desconectado, coleando algo sin requerir apenas corrección con el volante, incluso en mal firme y en mojado.
Acompaña la precisa dirección, con un volante de buen tacto y 2,8 vueltas entre topes que quizá peque de cierta falta de retorno en maniobras y una caja de cambios de sólo cinco relaciones con una corta palanca conectada directamente a la caja de cambios (como en el Mazda MX-5) que admite un manejo muy rápido con unos recorridos muy cortos de 47 mm desde el punto muerto hacia delante o hacia atrás, idénticos recorridos que los que medimos en la unidad de la presentación de prensa, recién estrenada. Un conjunto delicioso, apasionante y emocionante pero también relajante, gratificante y seguro, según la conducción que se haga.
El motor añade su granito de arena a ese festival de sensaciones: lo hace por prestaciones, con una contundente respuesta en baja pues ya desde 1.400 rpm empuja con fuerza y con mucha potencia en alta, que permite unas estiradas notables y progresivas hasta el corte de inyección a unas 6.300 rpm, tanto que pone en entredicho la velocidad máxima oficial.
El sonido es profundo y grave en baja, con carga, hasta unas 2.500 rpm (que vuelve a producirse en retención al alcanzar ese régimen de giro) para luego afinarse, hacerse más agudito y con un sonido bastante uniforme hasta el corte de inyección. Permite disfrutar de su sonoridad, que transmite carácter de motor gordo y refinado.
Está mal diseñada porque para abrirla o cerrarla hay que bajarse del coche y además de tener que abrir la tapa del maletero, obliga a maniobrarla desde ambos laterales para engancharla o desengancharla de los extremos del marco del parabrisas. También está mal diseñada porque el ajuste no es bueno, como pudimos comprobar el día de la presentación, agravado en el caso de nuestra unidad de pruebas porque la junta de la capota con la ventanilla del conductor se desencajaba de su sitio al subir la ventanilla y eso provocaba una entrada directa de aire (y el correspondiente silbido) por dos sitios, tal y como refleja la imagen inferior.
Al margen de la capota hay otros aspectos mejorables en el Opel GT: uno es la ausencia de reglaje de profundidad del volante, que agrava el hecho de que no sobra espacio para las rodillas. La palanca del freno de mano queda demasiado elevada y alejada del conductor, por culpa de un túnel central alto y se hace dificultoso accionarla. El tamaño y la forma ascendente del túnel hacia atrás también molesta a la hora de manejar el cambio, pues hay que levantar el codo para evitar que golpee contra él.
También es mejorable el reglaje del respaldo del asiento del conductor, pues hay tan poco espacio al lateral que con la puerta cerrada es prácticamente imposible accionar la rueda giratoria y también se dificulta coger el cinturón de seguridad, que no queda excesivamente retrasado.
En cuanto a la protección de los pasajeros contra el viento con la capota abierta, el Opel GT presenta también dos caras completamente diferentes. Es mala porque el parabrisas apenas protege la cabeza de los ocupantes salvo que sean de muy poca estatura y el viento golpea en la cara a velocidades legales en carretera. Pero tiene la ventaja de que no forma remolinos en el habitáculo y no se enfría el cuerpo y eso que la unidad probada no llevaba deflector ni calefacción eléctrica en los asientos. Pero como la calefacción es potente y bien dosificable, nos ha permitido hacer una gran parte de la prueba con la capota abierta a pesar del intenso frío de los primeros días del invierno, acompañados eso sí de un sol radiante. ©
www.cochenet.com
2008 (España)
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