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- Skoda Yeti 1.2 TSI 105 CV. Una apuesta ganadora. |
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Nada más iniciar la marcha, en este caso concreto a bordo del voluminoso y pesado Skoda Yeti en versión de tracción delantera, se disipan los recelos sobre el rendimiento del motor: hay que ver cómo empuja y con que soltura y agilidad permite desenvolverse en cualquier circunstancia con un uso mínimo del suavísimo cambio de seis relaciones; incluso no falta un notable tirón en marchas cortas sobre unas 2.000 rpm aunque el motor esté trabajando con poca carga, tirón que se hace especialmente desagradable en tráfico urbano en 2ª.
Además del molesto tirón, este motor 1.2 TSI tiene una sonoridad y tacto levemente mejorables: no falta un registro sonoro con ciertos tintes TDI (de los de inyector bomba) en la arrancada en frío, durante unas decenas de segundos hasta que se normaliza el ralentí, ni un leve retumbe sobre las 1.900 rpm cuando trabaja a plena carga incluida una pequeña vibración en el delicioso pedal del acelerador de tabla, ni otra leve resonancia entre 1.200 y 1.300 rpm cuando recupera.
Si nos guiamos por el indicador de cambio de marchas, en llano a punta de gas se puede circular en 6ª a 1.000 rpm sin que recomiende reducir y a plena carga la quita a unas 1.400 rpm. Es en esta zona tan baja en la que nos podremos mover en una conducción eficiente en la generalidad de las situaciones. Y si de exprimir la potencia se trata, la recomendación de subir de marcha la hace a 6.000 rpm, muy por encima de las 5.000 rpm a las que, según los datos de Skoda, rinde la potencia máxima; enorme la zona de uso.
Qué buena apuesta es la que está haciendo el Grupo Volkswagen con los motores de gasolina de cuatro cilindros, basada en cuatro pilares fundamentales: la reducción de cilindrada, la sobrealimentación, la inyección directa de combustible y la adaptación a 95 octanos; o sea, refinamiento, eficiencia, prestaciones y economía de consumo. Es una competencia directísima y aventajada de los motores turbodiesel TDI del Grupo Volkswagen y el adiós a los propulsores atmosféricos. Es una oferta tan tentadora y tan amplia que deja en evidente desventaja a la generalidad de la competencia.
Amortizar por ahorro de combustible los casi 4.000 euros más que cuesta el 2.0 TDI en la versión básica exige hacer muchísimos kilómetros, tantos como 250.000, cifra en la que se estima la vida útil de un vehículo moderno y completamente disuasoria pues para llegar a ella hay que pasar previamente por caja para hacer el reglamentario y costoso cambio de la correa dentada (a los 180.000 km) y el probable del filtro de partículas sin aditivo, que tampoco sale barato (el mantenimiento programado obliga a comprobarlo a los 150.000 km y luego cada 30.000 km). El 1.2 TSI requiere sólo el cambio de bujías cada 60.000 km o cuatro años. Las cuentas están bastante claras.
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