El sabelotodo

ABS: sistema antibloqueo de frenos.

Para qué sirve: evita el bloqueo de las ruedas. Una vez bloqueadas las ruedas delanteras, el coche tiende a seguir recto y no responde al movimiento de la dirección, lo que provoca la pérdida de control. En la foto se aprecia la marca que dejan los 4 neumáticos en el asfalto cuando empiezan a deslizar y la desviación de la trayectoria del eje trasero. Al liberar presión en el pedal para recuperar el control, cada rueda deja una huella de diferente longitud.

Cómo funciona: unos sensores captan el giro de las ruedas, y antes de que se bloqueen al frenar, mandan una señal para reducir la presión en el circuito de frenos. Al actuar, se nota una pulsación en el pedal del freno, que se puede extender incluso al volante y provoca en algunos automóviles un movimiento de zigzag en la trayectoria del coche.

Mantenimiento: no. Dispone de un testigo en el cuadro de instrumentos. Cada vez que se enciende el contacto, el sistema chequea el funcionamiento del módulo electrónico.

Cómo se usa: en caso de necesidad, pisar el pedal del freno a fondo, a base de patadón, sin soltar presión hasta que desaparezca la situación de peligro. Si aplicamos la suficiente fuerza sobre el pedal del freno, el ABS debe actuar de inmediato, debe ser muy intrusivo. Si no ocurre así, es señal de que no estamos obteniendo toda la deceleración que permiten los neumáticos, y estaríamos alargando la distancia de frenado.

Utilidad: máxima. Es un elemento imprescindible de seguridad activa. Mejora el equilibrio general de la frenada, especialmente en curva. Los coches deberían montar de serie el ABS.

Nuestra nota: 10

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